Introducción

La Unión Europea está analizando el futuro de la energía nuclear y la necesidad de un modelo que ayude a mantener y mejorar la competitividad de las empresas e industrias de la UE. Las consideraciones no son sólo económicas, ya que también incluyen factores de protección del medio ambiente.

La producción de electricidad de origen nuclear a nivel mundial durante el año 2012 representó el 14% de la electricidad total consumida en el planeta, el número de reactores nucleares en funcionamiento en la actualidad son 438 los cuales se encuentran situados en 31 países, además se está trabajando en la construcción de 63 nuevas instalaciones.

Por otro lado, se observa un replanteamiento de la opción nuclear en algunos países y una creciente importancia de las políticas de eficiencia energética. En un estudio publicado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se concluye que el crecimiento en la generación nuclear se mantendrá en los próximos decenios, aunque a un ritmo más lento del previsto antes de Fukushima.

El crecimiento se debe, en gran parte, a los planes de los países del este asiático (China, Corea del Sur y Japón, si se reactivan sus centrales), Oriente Medio y Asia del Sur (países árabes e India), Rusia y países del este europeo, y tiene en cuenta los costes de las emisiones de gases de efecto invernadero. En los países occidentales, el crecimiento dependerá de otros factores, como el estancamiento de la demanda, el uso de gas de esquistos y la situación financiera, que compromete la viabilidad económica de las centrales nucleares en países como Estados Unidos.

En los últimos años se han incrementado las precauciones a adoptar en el diseño de cualquier equipamiento nuclear frente a terremotos y otras eventualidades de carácter natural o humano que puedan poner en peligro la seguridad de una central nuclear, más teniendo en cuenta los acontecimientos sucedidos en centrales como Fukushima.

La operación convencional de todas las centrales nucleares a nivel mundial genera combustible usado que en su fase inicial es almacenado en piscinas dispuestas en las propias centrales. Y si se analiza la realidad que muestra la experiencia, es evidente que la capacidad de las piscinas disponibles debe ser optimizada y su seguridad garantizada.

Desde hace unos años se está trabajando en nuevos sistemas que permitan esta optimización a través de la instalación en las piscinas de racks de almacenamiento de combustible usado con diseños cada vez más compactos que incrementan la densidad de almacenamiento del mismo.

Las piscinas, los racks y el combustible usado son sensibles a los movimientos tectónicos, y por ello la integridad estructural de los mismos debe estar garantizada. Sin embargo, la disposición espacial de los racks se realiza atendiendo a su capacidad de desplazamiento bajo sismo, que se estima con amplios márgenes de seguridad ante la ausencia de métodos de cálculo avanzado y contrastado